Yemas de huevo de Santa Teresa

Santa Teresa nos lleva a Ávila y de dulce sus yemas

Hablar de Yemas, es hablar de Ávila, de Yemas de Santa Teresa y es más que idóneo comenzar esta receta con una oración que hace temblar el alma hasta de un desalmado:

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta.

Esta receta que insertamos en Sacro Gourmet no es más que un pequeño homenaje a esa Santa mujer castellana que impulso la vida conventual por toda España y que nos dejo una extraordinaria y mística obra literaria para la posteridad y grandes pensamientos que la llevaron a ser nombrada como la primera mujer doctora de la Iglesia.

Las de yemas más conocidas son las anteriormente indicadas Yemas de Ávila o Yemas de Santa Teresa, si bien por toda la geografía española, ya sea conventual o no, hay pequeñas variaciones en el producto final. En Ronda con sus deliciosas yemas del Tajo y en Estepa las yemas de Santa Clara que en el convento de Santa Clara las monjas con tanto mimo elaboración con la tradición de siglos.

Para dos docenas de yemas habría que tener en cuenta los siguientes ingredientes:

• 15 yemas de huevo
• 200 gramos de azúcar
• 175 ml de agua
• 1 rama de canela
• Un trozo de corteza de limón
• Azúcar glas para recubrir la yema

Lo primero es hacer un almíbar poniendo al fuego el azúcar con el agua, la canela y el limón, hasta que hierva suavemente y espese. En el momento que espese lo retiramos del fuego, así como la corteza de limón como la canela.

Luego ese almíbar se pone en el recipiente de la batidora para que se vaya calentando un poco y colamos las yemas sobre el almíbar en un colador. Las vamos pasando por el colador para que no queden hilos de yema sobre el almíbar ya templado y pasamos todo unos segundos por la batidora a potencia máxima. De esta forma no quedarán hilos de huevo y la masa será muy uniforme.
Más adelante esta mezcla la ponemos al fuego y removemos suavemente con una paleta de madera o silicona hasta que se desprenda de las paredes del cazo. Ojo con que la masa no llegue a la ebullición para que no se cuaje el huevo.

Finalmente ponemos la masa en un recipiente para que enfríe, para que cuando llegue este momento modelamos en bolitas al gusto del consumidor, preferentemente pequeñas y la pasamos por el azúcar glas hasta que se cubra completamente y las ponemos en canastitas de papel.