Nápoles,

El invento de la pizza, Santa Lucía que deja de ser ciega en esa ciudad que se ilumina con su barrio marinero, sus museos liderados por el Nazionale donde se siente y se toca Pompeya y Herculano, la movida alegre del italiano del sur en las piazzas Vittoria, Dante y Bellini, el volcán de la Solfatara di Pozzuoli que detona la fogosidad de una ciudad única, el Gran Tour de los artistas en sus viajes, su reino histórico, la camorra y el patrimonio artístico,  Alfonso V, Sophia Loren, Bernini; Virgilio y Maradona, y como dijo Goethe en 1787 en su Viaje a Italia: Vedi Napoli e poi muori!: Ver Nápoles y morir.

Pero antes de morir hay que ver el Belén Napolitano.

Belen Napolitano

No hay duda que la representación del nacimiento de Cristo ha sido durante siglos un icono a representar en los diferentes artes visuales y plásticas, en especial incidencia con los períodos artísticos desde el gótico, pasando por el Renacimiento, Barroco e Ilustración.

Antecedentes del nacimiento tal como lo concebimos hoy siempre se retrotraen a San Francisco de Asís en el siglo XIII, si bien lo que sí está contrastado es la imaginería que hay en Santa María la Maggiore donde Arnolfo di Cambio talla en mármol la escena del nacimiento de Jesús y sus Reyes Magos.

Este será el inicio que se suma al punto de partida peninsular con la llegada del primer belén artístico en el 1480 al Hospital de la Sangre o Iglesia de la Anunciación de Palma de Mallorca. Dicho belén fue tallado por los hermanos Alamanno. Este junto con los belenes de Coral de las Descalzas Reales de Madrid procedente de Italia para regalo de Felipe II (1570), el de las Agustinas Recoletas de Salamanca donado por el Virrey de Nápoles al convento al que enviaría a su hija (1640) y los de Fray Eugenio de Torices y La Roldana en Sevilla (s. XVII) suponen los belenes previos a la eclosión del belén napolitano de la época de Carlos III.

Y será precisamente en Nápoles donde el belén adquiera una de sus más altas cotas de calidad y perfección artística. Surge así el belén napolitano ya de manera definitiva.

Es en el período del mejor alcalde de Madrid, Duque de Plasencia, de Parma, y Rey de Napoles Carlos III de España cuando las representaciones del nacimiento de Jesús a escala pequeña llega a su esplendor llegando a tener tal personalidad y singularidad que fue un reclamo para la ciudad. Y es que la ciudad se volcó de tal forma en esta forma de representación del nacimiento de Jesús que hubo un deseo generalizado por las clases más acomodadas de la nobleza y cortesano en tener dichas representaciones en sus palacios y estancias.

Belén Napolitano de los Duques de Cardona

La diferenciación de la representación del nacimiento de Jesús con respecto a otras que se daban en otros lugares de la católica reformista es que no se centraban únicamente en el pesebre sino que añadían mercados, tabernas, reyes magos, anunciación y otros pasajes del evangelio.

El material que se utilizaban desde los orígenes son el cuero, la madera, la cera, la terracota principalmente siendo las figuras de candelero como las imágenes procesionales de la Virgen María y que tan común son ya desde el siglo XVIII. Esto suponía que tallaban los rostros, pies y manos y luego los policromaban. Posteriormente las vestían con telas encoladas o sobre las mismas con telas de seda, raso o terciopelo, cuya producción continua en muchos lugares de España y de Europa.

Este impulso no nace exclusivamente del rey de España y Napoles sino que su esposa María Amalia de Sajonia será coparticipe de este fomento de la artesanía de calidad y singularidad. Será la porcelana de Meissen, cuyos secretos  comenta Doña María Amala de Sajonía al rey que dará lugar a las maravillosas creaciones de Capodimonte.

Belen Napolitano

Actualmente las mejores muestras de belenes napolitanos se encuentran en:

  • Colección Leonetti en Nápoles.
  • Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
  • Museo Nacional de Munich.